Edición 364 / 16- 31 Julio del 2010
 
 
SOBRE VICTORIAS Y DERROTAS
  EN LA MIRA DEPORTIVA

Por: Periscopio

Dice un refrán inglés que las victorias tienen muchos padres, las derrotas ninguno. Si Reinaldo Rueda hubiera obtenido siquiera un triunfo en la pasada copa del mundo, a la selección le hubieran aparecido padres por todas partes, pero como ni siquiera marcó un tan solo gol, nadie se apuntaba a la selección bajo la dirección del colombiano.
Quizás por eso el técnico, sonrojado por la vergüenza de la “virguedad” prefirió pintar llantas y poner dirección a otro país. Rueda sabía que la clasificación no fue enteramente obra suya, en el fondo le remordía haber dependido de un gol norteamericano y de una caída fatal en tiempo extra de los ticos para obtener la clasificación.
Su conciencia lo venía arrastrando por el camino de la pena de saber que no le había podido inculcar a la bicolor un modelo de juego, y que los hondureños estaban jugando como “animalitos silvestres”, a lo que les saliera según fuera su inspiración en cada partido. Pero la verdad, todo esto no fue culpa del colombiano. Nuestro fútbol es todavía silvestre, porque no nos hemos preocupado de hacer una escuela que nos dé una identidad.
Las dirigencias, de la FENAFUTH y de los equipos no entienden esto porque viven del día a día, del coyol quebrado, coyol comido y todavía no alcanzan a entender por qué Francia, Italia, Inglaterra, España, Brasil, Argentina y ahora México y Estados Unidos, se codean entre sí sin muchas diferencias.
Estos países tienen escuela desde hace rato y practican un modelo de fútbol capaz de obtener triunfos por su propia cuenta sin depender de ser empujados por otros. Honduras por su parte lo único que ofrece es un fútbol nulo de ideas, donde el mérito es formar un bloque de gran poderío físico y con algunas individualidades de cierto valor. Sin embargo, Rueda nos ofreció algunos aspectos interesantes: seriedad, mucho trabajo y educación en el trato. Nunca vino con aspavientos, demostró la humildad que solo un profesional serio puede ofrecer y enemigo de las controversias y los dimes y diretes que son el atavío de los técnicos nacionales.
Con esta investidura Rueda prometía llevar a cabo un proceso para hacer escuela que nos garantice crecimiento con futuro. Esto no lo entienden los dirigentes ni la prensa deportiva que demandan resultados espectaculares, que viven sumidos en la autocomplacencia cuando la selección gana un partido de mentiras, después del cual se dedican a vender la piel antes de cazar el oso.
Pero pesó más sobre él los malos resultados y el reconocimiento del yo interno que le decía: “te clasificaron, no clasificaste”, aunque para nosotros esto no era lo importante sino el contar con un profesional serio para levantar el nivel del fútbol hondureño.
Quizás a esto último le tuvo miedo Rueda, porque vio que tenemos una liga con equipos muy deformados, sin reservas de sustento y con muy poca credibilidad a las ligas menores o fuerzas básicas. Y sin esto, sabía que le venían otros cuatro años donde todo estaba cuesta arriba y prefirió no correr otro riesgo.
Hoy se va con el mérito de haber llevado a Honduras a la segunda participación mundialista, lo que lo ubica en la historia del fútbol hondureño. Hay que agradecérselo. Al final pudo más la tentación de una oferta grande, donde hay muchos dólares, el doble de lo que le podía pagar Honduras. Así que entre la necesidad y la prudencia, Rueda tomó su decisión. Ahora a poner la selección en gente cuerda, porque con disparatados controversiales no iremos a ningún lado.

 





 
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