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SOBRE VICTORIAS Y DERROTAS |
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EN LA MIRA DEPORTIVA |
Por: Periscopio
Dice
un refrán inglés que las victorias tienen muchos
padres, las derrotas ninguno. Si Reinaldo Rueda hubiera obtenido
siquiera un triunfo en la pasada copa del mundo, a la selección
le hubieran aparecido padres por todas partes, pero como ni siquiera
marcó un tan solo gol, nadie se apuntaba a la selección
bajo la dirección del colombiano.
Quizás por eso el técnico, sonrojado por la vergüenza
de la “virguedad” prefirió pintar llantas y
poner dirección a otro país. Rueda sabía
que la clasificación no fue enteramente obra suya, en el
fondo le remordía haber dependido de un gol norteamericano
y de una caída fatal en tiempo extra de los ticos para
obtener la clasificación.
Su conciencia lo venía arrastrando por el camino de la
pena de saber que no le había podido inculcar a la bicolor
un modelo de juego, y que los hondureños estaban jugando
como “animalitos silvestres”, a lo que les saliera
según fuera su inspiración en cada partido. Pero
la verdad, todo esto no fue culpa del colombiano. Nuestro fútbol
es todavía silvestre, porque no nos hemos preocupado de
hacer una escuela que nos dé una identidad.
Las dirigencias, de la FENAFUTH y de los equipos no entienden
esto porque viven del día a día, del coyol quebrado,
coyol comido y todavía no alcanzan a entender por qué
Francia, Italia, Inglaterra, España, Brasil, Argentina
y ahora México y Estados Unidos, se codean entre sí
sin muchas diferencias.
Estos países tienen escuela desde hace rato y practican
un modelo de fútbol capaz de obtener triunfos por su propia
cuenta sin depender de ser empujados por otros. Honduras por su
parte lo único que ofrece es un fútbol nulo de ideas,
donde el mérito es formar un bloque de gran poderío
físico y con algunas individualidades de cierto valor.
Sin embargo, Rueda nos ofreció algunos aspectos interesantes:
seriedad, mucho trabajo y educación en el trato. Nunca
vino con aspavientos, demostró la humildad que solo un
profesional serio puede ofrecer y enemigo de las controversias
y los dimes y diretes que son el atavío de los técnicos
nacionales.
Con esta investidura Rueda prometía llevar a cabo un proceso
para hacer escuela que nos garantice crecimiento con futuro. Esto
no lo entienden los dirigentes ni la prensa deportiva que demandan
resultados espectaculares, que viven sumidos en la autocomplacencia
cuando la selección gana un partido de mentiras, después
del cual se dedican a vender la piel antes de cazar el oso.
Pero pesó más sobre él los malos resultados
y el reconocimiento del yo interno que le decía: “te
clasificaron, no clasificaste”, aunque para nosotros esto
no era lo importante sino el contar con un profesional serio para
levantar el nivel del fútbol hondureño.
Quizás a esto último le tuvo miedo Rueda, porque
vio que tenemos una liga con equipos muy deformados, sin reservas
de sustento y con muy poca credibilidad a las ligas menores o
fuerzas básicas. Y sin esto, sabía que le venían
otros cuatro años donde todo estaba cuesta arriba y prefirió
no correr otro riesgo.
Hoy se va con el mérito de haber llevado a Honduras a la
segunda participación mundialista, lo que lo ubica en la
historia del fútbol hondureño. Hay que agradecérselo.
Al final pudo más la tentación de una oferta grande,
donde hay muchos dólares, el doble de lo que le podía
pagar Honduras. Así que entre la necesidad y la prudencia,
Rueda tomó su decisión. Ahora a poner la selección
en gente cuerda, porque con disparatados controversiales no iremos
a ningún lado.
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