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CÓMO VENCER LA IMPUNTUALIDAD |
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REPORTAJE |
Llegar tarde a cualquier compromiso, con excusas casi increíbles, es una costumbre de la que pocos escapan.
* Es famosa. La hora hondureña ha rebasado las fronteras del país y se ha convertido en una etiqueta poco envidiable.
* Se cree que la impuntualidad llegó a Centroamérica, excepto Costa Rica, en el siglo XVI con los españoles.
* A la impuntualidad hay que decirle no. El primer paso será cortar esos cinco minutos más de sueño en las mañanas. Otra sugerencia es acostarse más temprano y tener un mejor descanso.
Por LUISA AGÜERO
Desde SAN PEDRO SULA
¿Falta de seriedad, de respeto o de cultura? Lo cierto es que la impuntualidad es uno de los perores defectos de los hondureños. El problema ha sido resuelto con la invención de la “hora hondureña”, un margen de entre 15 y 30 minutos después de la hora anunciada, una cita o el inicio de alguna actividad, dice Eduardo Martínez, un empleado de maquila. “En la empresa en la que trabajo, el reloj esta atrasado 15 minutos porque algunos obreros no llegan a tiempo”, dijo resignado.
Aunque no llegar a tiempo forma parte de la idiosincrasia latinoamericana, “nosotros abusamos, porque anunciamos un evento a las 18 horas para empezar a las 18:30 o tres horas después”, ironizó en la charla que mantuvo con HABLEMOS CLARO.
GENERA PÉRDIDAS
Aunque no hay estudios sobre el tema, hay pérdidas considerables por la impuntualidad, asegura Victorino Carranza, presidente del Gremio de Microempresarios en la costa norte. “Además, el costo es para los que llegan temprano, a quienes se les falta el respeto”, afirma el pequeño empresario.
Es famosa. La hora hondureña ha rebasado las fronteras del país y se ha convertido en una etiqueta poco envidiable. La puntualidad es muy necesaria en todo negocio. Sin embargo, esta norma es aplicable sólo al visitante, ya que existe una cultura de horario, casi generalizada, la hora “catracha”, que justifica las llegadas tarde entre los 15 a 45 minutos aproximadamente.
HERENCIA
Quizá la primera referencia literaria de la “impuntualidad” la hizo en 1840 el escritor guatemalteco José Milla, en su obra Viaje al otro mundo pasando por otras partes, y el personaje Juan Chapín, relata Carranza. Se cree que la impuntualidad llegó a Centroamérica, excepto Costa Rica, en el siglo XVI con los españoles. “Se nos pegó lo impuntual”, dice convencido.
Para la cultura estadounidense el tiempo es dinero (time is money), y por ello son más puntuales. Al contrario, la cultura arábigo-española tiene un concepto más relajado del tiempo, añade. “Estamos al frente si de llegar tarde se trata”, asegura.
La impuntualidad también está “amarrada” al catolicismo traído por la cultura religiosa española, francesa e italiana, considera Virgilio Álvarez, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). “Los católicos somos más irresponsables”, asevera Álvarez.
El sociólogo señala que la impuntualidad también es característica de una sociedad rural. “Una semilla no se enoja si la regamos a las 8 horas y no a las 7”, dice el consultor de Flacso.
El llegar tarde también está ligado a la falta de tiempo para descansar y planificar. “Se le roba tiempo a una actividad para dárselo a otra”, agrega Carranza.
LOS PUNTUALES
Los ingleses parecen ser la contrapartida de los hondureños, ya que en su mayoría, son puntuales en todo. “Desde pequeños les enseñamos a los niños a hacer buen uso del tiempo y a ser considerados con los demás. La puntualidad es una tradición para nosotros”, cuenta José María Núñez, un experto en informática nacido en Barcelona, de ascendencia inglesa.
Las funciones en el cine y las misas son los pocos eventos que empiezan a tiempo”, añade.
Carranza reconoce que, en algunas ocasiones, llega tarde a sus compromisos, pero hace un llamado para acabar con la impuntualidad. “He llegado tarde como tres veces, pero siempre trato de llegar primero. Debemos cambiar esa mala costumbre, porque la hora hondureña no existe”, afirma el dirigente.
A criterio suyo, no hay intermedios: o se es puntual o se es impuntual. “Es importantísimo que respetemos la hora y que seamos puntuales”, sostiene. Las únicas con el privilegio de llegar tarde sin ser objeto de reclamos son las novias en las bodas.
UNA MALA COSTUMBRE
Como bien se sabe, en todas las guías de turismo a los europeos les dicen que, en nuestros países, nada empieza a la hora, que sólo hay algunos contraejemplos que no bastan para generar costumbre.
En Honduras, los únicos que intentan salir a la hora son los aviones y, a veces ni ellos. Pero son sólo la excepción: hay un sinfín de cosas que nunca salen a tiempo: horas médicas, reuniones, recitales, clases universitarias o buses interurbanos y, un largo etc…
Además está la típica frase “en 5 minutos está listo” o “llego en 5 minutos” que realmente no significan nada. Según el análisis de unos pocos pobladores, esto repercute en la economía, en la sociedad, y en la imagen con la que se demuestra nuestra cultura.
EL COSTO DE LA IMPUNTUALIDAD
Carranza está convencido que económicamente ser impuntual repercute negativamente, y por supuesto, se pone de ejemplo. “Considero que, en promedio, tengo 15 reuniones a la semana con dos o más personas; pienso que se atrasan unos 9 minutos (siendo conservador)”, expresa.
Con esos datos, Carranza dice perder 135 minutos a la semana. Un poco más de 2 horas que significan el 5% entre lunes y viernes. El 5% del año, 117 horas al año, que son, aproximadamente, dos semanas y media de trabajo en ese periodo.
Socialmente también repercute, porque esas horas de improductividad no son traducibles en más dinero ni más tiempo de esparcimiento... es más, son traducibles en estrés. No saber a qué hora se puede empezar la reunión ya que no llega toda la gente.
Y culturalmente: ¿qué peor que nos digan que en Honduras nada empieza a la hora, que no somos responsables, que no se puede hacer nada correctamente?
Por cierto, hay otros atrasos, para el caso, al no entregar el resultado de un trabajo que queda para otro post. ¿Bastaría con hacer una campaña? ¿Es un esfuerzo de largo plazo? ¿Se puede cambiar nuestra cultura? ¿Cómo es en otras partes?
La respuesta es simple. A la impuntualidad hay que decirle no. El primer paso será cortar esos cinco minutos más de sueño en las mañanas. Otra sugerencia es acostarse más temprano.
Si la persona ha dormido lo suficiente, en la mañana estará lo suficientemente despierta para ser más racional y empezar con buen ánimo.
Es importante dejar las cosas listas con anterioridad, como el almuerzo, la ropa que se van a poner en la mañana o en la tarde, la mochila, la cartera... en fin, ¡tengan las cosas listas y cerca! ¡Preocúpense de tener todo bajo control!
Víctor Marvin, un joven estudiante chileno, de vacaciones en Honduras, afirma que es horrible llegar tarde. Soy de la idea que “el que quiere, puede”. Particularmente he tenido que aprender a ser puntual, por razones profesionales, y la verdad es que me he transformado en puntualísimo, solo con la intención de mejorar, levantándome más temprano o fijando mis compromisos 30 minutos antes y, lo fundamental: ¡cumpliendo!, no tratando de cumplir”.
Si los latinoamericanos ya nos estamos sacando de encima la idea que todo hay que achicarlo, (ahora logramos pedir ¡un café!, no un cafecito; una cerveza, no una chelita), ¿por qué no hacer el esfuerzo de hacer las cosas más temprano y no esperar la última hora?... Es una idea, subraya.
Josué, pasante de Administración de Empresas en la universidad local, confiesa ser impuntual. “Llego tarde a todas partes, me tiene mal llegar después de la hora a mi trabajo, todos los días me pasa, mi hora de entrada es a las 9 y siempre llego a las 9:30, qué hago”, se lamenta.
“En mi tercer y actual trabajo, no puedo quejarme, ya que esta a 12 cuadras de mi casa y aunque no lo crean, no voy caminado, voy en bus y ya llegué tarde en 3 meses al menos 8 veces, sin contar que hace 4 días me quedé completamente dormido por estar jugando a las maquinitas hasta las 3 de la mañana y de entrar a las 8:00 entre a las 9:15… es como un vicio, porque uno sabe que quedándose cinco minutos más en la cama implica atrasarse y sin embargo uno lo hace”, expresa, con cierta resignación.
CONTRA EL RELOJ
Son las 9:30 y los invitados no han llegado todavía. Lo peor es que si llegan a las 9:00, la dueña de casa todavía se está vistiendo. “En todo el territorio de la República son diez a las ocho”. La hora correcta es tres minutos antes o después. En el teatro, si se anuncia el espectáculo a las 8 la gente llega 30 o más minutos después, porque el espectáculo se inicia a las nueve.
En nuestra cultura, llegar a la hora es considerado inapropiado, porque aquí nadie es puntual.
En todo país desarrollado, la hora exacta es indispensable. Si no fuese así, el hombre no hubiera llegado a la luna o no se podría estar explorando el espacio.
Una preocupación de hace años ha sido la falta de apreciación nuestra, respecto a la puntualidad, al hábito de estar a tiempo, la observación estricta de mantener puntualidad en todo lo que hacemos. Debemos sacudirnos de esa cultura, de la falta de consideración para los demás.
Hay quienes tomamos la puntualidad como un hábito en nuestra rutina diaria. Pero el problema es que nadie aquí parece apreciarlo, con el resultado que los puntuales somos pocos. En realidad, tenemos que acostumbrarnos a que la puntualidad no es solamente un deber, sino parte de los buenos modales.
Pero, en nuestro ámbito, pareciera ser que lo contrario es la norma. En otras culturas, el individuo que habitualmente llega tarde a un compromiso nunca será respetado y nunca tendrá éxito en la vida; porque allá, la puntualidad es el alma de la vida.
Lord Nelson, el almirante inglés, famoso por su participación en las Guerras Napoleónicas, especialmente en la Batalla de Trafalgar, decía: “Debo todos mis éxitos en la vida, por haber llegado siempre 15 minutos antes que la hora señalada”. Y, tal vez la frase más famosa de Luis XVIII de Francia: “La puntualidad es la cortesía de reyes”.
La impuntualidad es un robo al tiempo de otros, especialmente, la impuntualidad en el trabajo. Es una falta de respeto hacia otros. Debemos acostumbrarnos a ser tan puntuales como cuando nos cita el Presidente de la República, un alto funcionario o una persona importante (aunque ellos sean usualmente impuntuales).
En suma, la puntualidad en nuestra rutina diaria es importante y debemos acostumbrarnos a ella, modificando nuestra actitud. Como dijo alguien: “Más vale tarde que nunca”, pero sería mejor: “Nunca tarde”.
UNA ESPERANZA A TIEMPO
Los testimonios de impuntuales están a la orden del día. Alejandra emigró a España y, para ella, la vida de informalidad dio un giro de 360 grados. “He tratado de limar la desvirtud de ser impuntual, creo que dada nuestra idiosincrasia, que todo lo dejemos para mañana, más tarde, luego, ha hecho que seamos impuntuales, ya que no tenemos demasiada prisa por hacer las cosas, total, tarde o temprano las haremos y si no se hacen, bueno, que se le va a hacer. En el viejo continente, las cosas no funcionan así, por ende me tuve que poner las pilas y dejar mi falta de impuntualidad de lado, e intentar ser responsable en mi trabajo con más razón en una cocina de un hotel que tiene horarios estrictos en el cual, en 6 horas de las 10 que trabajamos tenemos que intentar darle de comer a 500 personas, esto te genera el suficiente nerviosismo y estrés para que en vez de llegar tarde llegues antes de la hora, ya que el tiempo no te da para poder producir”, afirma.
Con eso, Alejandra resume que la economía de nuestros países, está tan estancada, y tan dormida como los mismos que suelen llegar tarde a todo. Es, como un maremoto de desazón, y abulia, que no deja aflorar la energía. Si la economía duerme, el pueblo también lo hace, y si la economía puja, lo hace el pueblo. Cuando nuestra Patria despierte, no va a parar, y los impuntuales van a ser los más puntuales de la historia… Todo es posible.


Eeducación. La frase más famosa de Luis XVIII de Francia: “La puntualidad es la cortesía de reyes”.

Mal hábito. Aunque no llegar a tiempo forma parte de la idiosincrasia latinoamericana, “los hondureños abusamos”.

Contrario. Los ingleses parecen ser la contrapartida de los hondureños, ya que en su mayoría, son puntuales en todo.

Valioso. Para la cultura estadounidense el tiempo es dinero (time is money), y por ello son más puntuales.
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