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| Opinión |
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Todo pasa por educación
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Por RODRIGO WONG ARÉVALO |

La semana pasada asistimos a escuchar una conferencia del periodista argentino Andrés Openheimer, una persona bastante informada de manera especial en el tema educativo, que fue lo que nos motivó a escucharlo durante hora y media. Openheimer dio cifras interesantes: Corea del Sur y Singapur son países que en 1960 eran más pobres que Honduras y al cabo de 40 años pasaron a un primer plano de desarrollo con un año escolar de calidad de 245 días clase. Esto sin mencionar a Taiwan que es otro gran ejemplo de progreso teniendo como marco la mejoría de la educación. Al final de su charla el periodista argentino sugirió que los hondureños emprendamos una cruzada que nos ponga en la ruta de la educación, porque es la única forma en que nuestro país puede salir de la pobreza. Openheimer desconoce que ya hemos emprendido varios esfuerzos que tienen ese objetivo, pero su recomendación es altamente valedera y se le agradece. Ya desde 1998 en el gobierno de Flores se puso en marcha el programa de educación comunitaria Proheco, que contribuyó a incrementar la cobertura educativa y donde los padres adquieren un protagonismo relevante al asumir la administración de la escuela, teniendo la facultad de destituir y sustituir al maestro cuando falta a sus obligaciones. Simultáneamente surgió el programa Ampliando Horizontes con el propósito de dotar de computadoras a las escuelas.
En el Plan de Nación la educación tiene una atención primordial del gobierno, pero como les contamos ya ha habido otros esfuerzos dirigidos a fomentar la educación en los gobiernos anteriores. Durante la gestión Zelaya propusimos las caravanas educativas para popularizar el programa Educación para Todos, conocida por sus siglas en inglés EFA. Hasta el 2007 las metas EFA sólo eran conocidas por el ministro y algunos funcionarios de la Secretaría de Educación; a pesar de su importancia eran desconocidas por los padres de familia y por el mismo magisterio, una prueba de la total desconexión en que los maestros hondureños han vivido con el proceso educativo hondureño. El cumplimiento de las 4 metas EFA es fundamental: que los niños ingresen a la preescolar a los 4 años, para que egresen del sexto grado a los doce años, recuperar a los niños que hubieran abandonado la escuela para que terminen la educación primaria y finalmente que los maestros refuercen las dos asignaturas fundamentales como son Matemáticas y Español. Durante más de 30 caravanas se logró un posicionamiento de las metas EFA en la población y en el mismo magisterio, hecho que los países cooperantes consideraron un enorme avance.
En el 2008 inexplicablemente el presidente Zelaya estuvo a punto de destituir al ministro de Educación Marlon Brevé quien venía realizando una buena labor. Los países cooperantes le pidieron a Mel que mantuviera a Brevé en el cargo por su buen desempeño particularmente por el impulso que había logrado con las metas EFA. Solo un par de mentes perversas y mezquinas pueden desconocer el logro de las caravanas educativas en el impulso de las metas EFA, los mismos que en el 2008 intrigaban con Mel Zelaya la destitución de Marlon Brevé. La historia de Honduras está plagada de esta clase de gente malsana que vive con la misma mentalidad de los asalta bancos: ver cómo roban posiciones, porque a falta de méritos propios, el único argumento con que cuentan para hacerse valer es la intriga. En ese mundo gris se vive conspirando contra las pocas cosas buenas que se hacen en Honduras.
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| Opinión |
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Caballo de Troya |
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Por
HORACIO |
La dirigencia magisterial usa el argumento de la deuda que el gobierno tiene con el INPREMA para mantener un estado de agitación callejera que raya en el abuso. Pero por otro lado estos dirigentes descuidan su obra maestra que es el Estatuto del Docente y con un frívolo estilo político seudorevolucionario no se dan cuenta que la deuda del INPREMA es algo que tarde o temprano será solventado por el gobierno, en cambio por el abuso de la irresponsabilidad, no solo por desafiar a la autoridad y faltar a sus obligaciones, al forzar a centenares de maestros a abandonar las aulas, se exponen a perder el Estatuto. El INPREMA es para la dirigencia magisterial una especie de “caballo de Troya”, un animal en el que ocultan toda su engañosa charlatanería, diciendo que el gobierno está en pos de privatizar la educación, algo que no es cierto, porque quienes favorecen a que cada día surjan más escuelas privadas son los mismos dirigentes magisteriales con su torpe actitud de paralizar las escuelas públicas, obligando a más padres a que busquen escuelas privadas a costa de un gran sacrificio con tal de que sus niños reciban clases.
En su amañada torpeza la dirigencia magisterial, comprometida políticamente con la farsa de la Constituyente, está obligando al gobierno a que tome medidas verdaderamente rigurosas, como el declarar un estado de excepción, una medida que procede dado a que la dirigencia magisterial se obstina en alterar el orden público. Al declarar estado de excepción el gobierno asume poderes extraordinarios que la ley le permite, como prohibir la formación de grupos o manifestaciones que afecten el libre tránsito de las personas y vehículos, detener a cualquier persona que altere el orden público, detener a las personas que por sus antecedentes o conducta infundan sospechas de actividades subversivas. Incluso con el estado de excepción el gobierno puede suspender ciertas situaciones contenidas en el Estatuto del Docente, como dejar de retener las aportaciones del magisterio a los colegios, dejando a la libre voluntad del maestro enterar o no su cuota a su respectivo colegio. Esto último no es obligación del gobierno, porque cualquier tipo de retención o exacción, que no sea de interés público, atenta contra la libre determinación de las personas, un principio contenido en la declaración universal de los derechos humanos de las Naciones Unidas.
El magisterio de toda la nación debe abrir bien los ojos para ver hacia dónde lo está llevando una dirigencia irresponsable, que antepone su compromiso político vinculado al proyecto Socialismo del Siglo XXI, que no beneficia para nada al magisterio. En cambio el gobierno está obligado a actuar porque habiendo sido electo por una mayoría abrumadora, no se puede quedar de brazos cruzados viendo como una minoría usurpadora se da el lujo de retar y desafiar a las instituciones democráticas. Una minoría magisterial no puede decir que habla a nombre del pueblo hondureño, porque la voluntad del pueblo es la voluntad de la porción más numerosa o más activa del pueblo, por lo tanto el gobierno no puede permitir que una minoría pretenda oprimir al pueblo con sus manifestaciones anárquicas. La visión de la dirigencia magisterial es adversa a la democracia y como tal no puede ser aceptada por un gobierno democrático como el de don Porfirio Lobo, que está obligado a evitar que estos grupúsculos pretendan subvertir la legalidad. Pero aunque el gobierno no actuara lo hará el pueblo que está harto de la inconsecuencia de estos dirigentes cuya intención es la de instaurar una especie de tiranía magisterial, un mal contra el que todos los hondureños debemos ponernos en guardia.
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| Opinión |
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EL SUEÑO AMERICANO |
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Por
WILFREDO MAYORGA ALONZO |
wilfredomayorga@hotmail.com
Muchos han oído hablar del tema, pero pocos son los que lo comprenden a plenitud. Por largo tiempo, la gente de escasos y medianos recursos, ha buscado mejorar su calidad de vida recurriendo a diversas vías, que no son sino el esfuerzo constante, la ilusión y las ansias de superación. La obsesión de vivir en condiciones más dignas, ha obligado a infinidad de ciudadanos a abandonar hogares, familias y pueblos.
Los habitantes de las áreas rurales, donde debiera estar la mayoría de la población, porque es la proveedora de los alimentos de consumo cotidiano, han venido abandonando la tierra labrantía para ubicarse en las urbes donde llegan a conformar barrios marginales y villas miseria, a la orilla de los ríos, como otro apéndice más a la problemática que, de por sí, ya tienen las autoridades locales.
No es difícil encontrar aldeas y caseríos habitados únicamente por mujeres, niños y ancianos, porque los hombres jóvenes saltan las fronteras patrias acicateados por esa pandemia que constituyen la pobreza, el hambre y el abandono en que los sumen los gobiernos disimulados y el entorno de pocas o ninguna infraestructura. En las metrópolis, el panorama es más desolador. Ahí los recién llegados reciben el poco aprecio del vecindario, la indiferencia de la sociedad y el estrecho favor de los servicios públicos que deben compartirse entre más población. Cuando logran salir del país, atraídos por la ilusión del dólar que -según les han dicho maliciosamente- rebotan en las calles de Norteamérica, su martirologio es indescriptible. El largo, peligroso e inseguro recorrido por las fronteras vecinas, tampoco los hace desistir. Preferible es la angustiosa aventura y la utópica creencia que más adelante estará el oasis pleno de un suntuoso futuro, a volverse atrás con las manos vacías.
La fértil imaginación de los humildes trashumantes, los hace soñar con ricas oportunidades laborales, con viviendas limpias y lujosamente amuebladas, con automóviles modernos y con suficiente dinero para enviar a sus seres queridos, quienes también quedan en la vigilia de nuevos y mejores amaneceres. Y por eso emigran. Y por eso sufren. Y por eso luchan, triunfan o fracasan.
Triste es reconocerlo, pero ese flujo de hombres, de mujeres y hasta de niños, no encuentra generalmente el báculo en qué sustentar sus anhelos. El desengaño es más doloroso cuando ya se está en suelo extraño, con idioma, costumbres y culturas diferentes; ante el acoso de la vigilancia fronteriza; sin documentos y entre la espada y la pared. El secreto del sueño americano, ya no es el que tuvieron los inmigrantes que arribaron en el Mayflower en 1620. Esa esperanza, ese ideal, se han convertido en un verdadero calvario para quienes pretendan descubrirlo y beneficiarse de sus logros.
“El hombre pobre sueña que tiene riquezas; el niño con juguetes que no pueden comprarle sus padres. El individuo que no ha alcanzado sus ambiciones, sueña que lo ha hecho. Los sueños satisfacen nuestros deseos”, aseguran dos autores de un importante libro motivacional.
Un filósofo del siglo XX, sostenía que “la idea de que hasta el hombre más sencillo puede ascender a cualquier posición cuando se vea expuesto a su propia responsabilidad, pudiera estar a la altura de cualquier potencial emergencia”. Y otro sostenía que “no existe dificultad alguna que la humanidad no pueda superar, porque donde exista voluntad está la forma”.
El refranero popular apunta que “Soñar no cuesta nada”. Pero la realidad, muchas veces, cuesta cara.
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| ÚLTIMA
LÍNEA |
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RESPONSABILIDAD PÚBLICA Y VULNERABILIDAD
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Por
JUAN RAMÓN MARTÍNEZ |

Desde la tormenta Mitch que afectó a Honduras en 1998, no habíamos recibido tanta lluvia en el periodo de invierno, como en el presente. La ciudad de Tegucigalpa, es por su tamaño y por los daños recibidos la más afectada. Deslizamientos que han obligado a evacuar personas y bienes de zonas peligrosas, ruptura de vías de comunicación importantes como el bulevar de las Fuerzas Armadas y la caída de muros sobre estacionamientos y viviendas, configuran que la capital es muy vulnerable a las precipitaciones pluviales. Y que su capacidad para evacuar las aguas lluvias disminuye en forma considerable, de año en año, debido fundamentalmente a la irresponsabilidad de sus autoridades.
Este hecho –que Tegucigalpa comparte con Danlí– no es una maldición de Dios; ni una venganza del “diablo” porque no somos más malos de lo que somos en realidad, sino que fruto de un comportamiento irresponsable que no respeta la naturaleza, no acepta las limitaciones que imponen los fenómenos físicos; y no se somete a las reglas y procedimientos establecidos por la ley. Tanto porque la autoridad es relativamente complaciente y poco enérgica en el cumplimiento de sus obligaciones, como por el manejo de la creencia que lo más inteligente y que da prestigio, es hacer lo que nos viene en gana, en el momento que lo queremos.
Veamos un poco más de cerca el fenómeno. El agua que cae sobre Tegucigalpa, sólo tiene dos alternativas: una, penetrar el suelo, que tiene una limitada capacidad de absorción; y dos, correr, hacia abajo, por cañadas, quebradas y hondonadas. Los suelos de Tegucigalpa son mayoritariamente arcillosos, por lo que su capacidad de absorción de agua hace que experimenten movimientos importantes que alteran carreteras, hacen colapsar puentes y destruir viviendas. Los mejores ejemplos los podemos apreciar en la colonia Popular, la segunda más antigua de la ciudad, en donde los suelos sobre los que se asientan las casas, han sido severamente modificados por la cantidad de agua que han recibido. Y en la caída del muro en Las Lomas del Guijarro y la colonia Independencia, en el oeste de la ciudad capital, vemos una confirmación.
Pero con todo, lo más grave es que varios compatriotas construyen, con la aparente complicidad de las autoridades municipales, sobre cañadas y quebradas por las que desde siempre han discurrido las aguas lluvias que caen sobre la ciudad. Los ejemplos abundan: la ruptura de la caja del bulevar de las Fuerzas Armadas, coincide en el tiempo, con la construcción de un plantel de una gasolinera que alteró la dirección de las aguas que ahora no entran en forma directa en la caja construida, sino que lo hacen en una alterada posición. Además, podemos ver el caso de la quebrada Salada que algunos vecinos de Las Colinas han reducido a menos de la mitad su cauce. Y un centro comercial, la ha embaulado en forma que, por lo demás, algún día ellos y los vecinos situados aguas abajo, tendrán que lamentar. Finalmente, hay que señalar el afán que tienen algunos por apropiarse de las tierras públicas, -las riberas de ríos y quebradas lo son tal lo que confirma la ley- en las colonias Loarque y Tiloarque, en donde muchas personas han construido peligrosas edificaciones que reducen el espacio para que puedan movilizarse las aguas desde las partes altas de la ciudad, hacia el río Choluteca.
Alguien tiene que poner orden en todo esto. El alcalde municipal tiene que entender que la solución de la ciudad no anda, necesaria e inevitablemente, por la aprobación de un peaje para complicar la vida de los capitalinos, sino que del recto cumplimiento de la ley. El que autoricen construcciones como las que hemos señalado y que aumentan la vulnerabilidad de la ciudad, muestra que al frente de las tareas para hacernos más segura la vida, no tenemos a los más probos; ni a los más dedicados en garantizar nuestra existencia. Álvarez tiene que entender que debe desarrollar una visión más completa de la problemática, de conformidad a lo que nos está ocurriendo. Y quienes trabajan bajo su dirección: los que otorgan permisos de construcción en la ciudad y supervisan los que lo hacen en forma ilegal, deberán esforzarse más para que aquí, podamos dormir tranquilos, sabiendo que las autoridades trabajan a favor de todos. ¿De acuerdo?