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EL CABALLO DE CORREA

  Hablemos Claro

 

Dicen los comunicólogos de izquierda, expertos en manejar las correas de transmisión por internet, que en el contexto del dolor el canciller hondureño Mario Canahuati irrespetó al Presidente ecuatoriano Rafael Correa, al reclamarle por su irresponsabilidad de filtrar intencionalmente el hecho que un hondureño había sobrevivido a la masacre de Tamaulipas, rompiendo  la confidencialidad que protegía la identidad de un testigo valioso que a partir de ese momento quedó expuesto al terrible riesgo de convertirlo en una presa sobreviviente que podría aportar información crucial para capturar a los autores de la matanza de Tamaulipas.
El manoseo que el señor Correa hizo de la confidencialidad del hondureño sobreviviente fue un revolcón irresponsable digno de un gaznápiro que sufre la manía de delatar a todos sus enemigos y aún a sus amigos. Si ha habido irrespeto en contra de la vida de una persona humilde es de parte de este señor Correa, que parece no tener un ápice de compasión, ni por tratarse de un hondureño pobre, que buscaba cruzar la frontera para ganarse el sueño americano. Pareciera que al señor Correa no le queda bien militar en la izquierda del foro de Sao Paulo, que supuestamente vela por los pobres, porque al delatar la existencia de una persona pobre, el señor Correa que suda la calentura política de la destitución de Manuel Zelaya, ensañó su maldad en contra de un humilde hondureño cuya identidad estaba silenciada por razones obvias por las autoridades mexicanas y hondureñas.
El caudillo ecuatoriano, con un despliegue de maldad insolente, pretendió escurrirse en medio de un merengue ideológico diciendo que el reclamo del canciller hondureño no le importa por provenir de un gobierno ilegítimo. Si alguien mantenía alguna duda respecto a las intenciones de este mandatario ecuatoriano, basta para despejarla esta actitud malsana de poner en peligro la vida de un hondureño pobre que para Correa no es algo que valga la pena, precisamente por ser pobre.

Lo irritable es que los comunicólogos izquierdosos salen en tropel a sofocar la desafortunada intervención del caudillo ecuatoriano, atrapados en su monserga seudo revolucionaria de velar por los pobres, una comidilla que saborean también los políticos más corruptos de la derecha. Si ha habido una falta de respeto a la vida humana de un hondureño pobre es por parte de este señor Correa y de todos cuantos de manera irracional e irresponsable se han prestado para decir hasta en qué lugar podría encontrarse el  compatriota sobreviviente a la matanza de Tamaulipas. Qué falta de respeto, qué atropello a la seguridad de un humilde hondureño que por gracia divina pudo sobrevivir a los tiros de remate de los criminales que por más que quisieron borrar la mínima huella del crimen hoy están  sujetos a las pesquisas de las autoridades mexicanas para ser capturados en cualquier momento. No creemos que el señor Correa padezca de raquitismo intelectual o escasez de razón, lo que suponemos es que padece de un tipo de aberración ideológica que para él todo hondureño en problemas es digno de ser rematado como una manera de congraciarse y vengar a su camarada Zelaya. Correa habrá saludado con alborozo haber revelado la presencia silenciada de nuestro humilde compatriota que a partir de ahora debe estar extremadamente custodiado por las autoridades mexicanas. No puede excusarse el señor Correa ni pueden hacerlo sus camaradas hondureños, porque por muy caballo que sea una persona comprende la situación de un testigo clave que ha sobrevivido a una matanza perpetrada por criminales de la peor extirpe.

 

 


 

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