Por: Juvenal

El fútbol hondureño ha sido afortunado en cierta medida, porque sin tener un gran nivel nuestros jugadores siguen siendo solicitados de muchos ámbitos, en los cuales no todos los mercados son fructíferos para un exportable, especialmente cuando se trata de países donde el mercadeo es común y las sumas que se pagan son normales a las que se abonan en países como el nuestro.
La figura de David Suazo, ahora en el Inter de Milán, contribuye para mantener una imagen favorable a nuestros futbolistas, pero eso no quiere decir que bajo el ala de Suazo se podrán ir todos al exterior, porque si nos remitimos a las pruebas, el bajo nivel de nuestra liga profesional permite que muchos jugadores mediocres lleguen a ser considerados estrellas de nuestro patio. Pero aunque brillen con cierto fulgor no son exportables si tomamos en cuenta sus limitaciones, entre las cuales están las de no haber aprendido los elementos básicos del fútbol: saber recibir y parar el balón, cabecear con certeza, eludir a un contrario y quitar limpiamente la pelota.
En nuestro fútbol hay muchos jugadores con un grave error: retener demasiado el balón sin tener la habilidad para esconderlo, por lo que resultan presa fácil para que los despojen del mismo con facilidad. Los hay quienes ni siquiera se atreven a entrar al área por la carencia del recurso del dribling, por lo que acuden al pelotazo alocado, muy propio de las potras que juegan los principiantes o aficionados.
En el fútbol internacional no necesitan ni principiantes ni mediocres, porque las técnicas que se emplean toman en cuenta los procesos de formación desde las bases o ligas menores donde el principio del alto rendimiento es condición infaltable en los niños y jóvenes que aspiren a vivir profesionalmente de este deporte. Y esto es lo que no ha habido en nuestro país donde la mayoría de nuestros futbolistas han crecido en un ambiente silvestre, apoyados por su padre que actúa como entrenador (sin serlo) y lo poco que pueden aprender no son más que principios rudimentarios y de remate mal enseñados.
El caso de David Suazo es excepcional y como él no hay otro. “Rambo” es muy bueno pero con una mentalidad infantil que desconcierta, impropia de alguien que debe actuar como un profesional. Suazo en cambio es formal, sabe lo que persigue, no hace locuras ni travesuras, agregado todo esto desde luego a sus brillantes condiciones naturales de futbolista de que vino dotado. Así que ni nos hagamos ilusiones los aficionados, ni los dirigentes deben pensar erróneamente que todo nuestro material balompédico es exportable y los mismos jugadores deben ser sensatos y saber sus limitaciones como para darse cuenta hasta dónde les está permitido llegar.
Podrán ir muchos al exterior, pero más porque un avispado contratista logre conseguirles un par de pruebas con algún equipo, porque los contratistas están alagartados por ganar dinero mandando cuanto jugador creen que les podrá significar comisiones. Y esto no es bueno porque un futbolista que va a probarse a un mercado pirata, donde no pagan gran cosa y no logra pasar la prueba por la gran competencia, de regreso trae las maletas repletas de frustración. Y entonces, la cosa para él ya no es lo mismo, porque sus mismos compañeros le gastan las peores bromas que lo hacen sentir mal.
Una exportación mal trabajada para un buen futbolista de nuestro medio puede ser de graves consecuencias cuando al final no ganamos la exportación y en cambio perdemos a uno que está bien para nuestro medio pero no para brillar en el exterior.