UNAH, ¿anuncio de lo que sucederá?

Por Juan Ramón Martínez. /

En el conflicto entre las autoridades de la UNAH y los estudiantes, hay muchas causas, que, por la dinámica de las cosas, pueden producir diversos y variados resultados. La huelga general estudiantil de 1956, empezó en una cuestión baladí. Lardizábal, el presidente de la FEUH –entonces los estudiantes estaban organizados y participaban aunque vivían en una dictadura, la de Julio Lozano Díaz– solicitó el paraninfo para celebrar una asamblea de estudiantes universitarios. El rector Argueta les negó el permiso, cumpliendo órdenes superiores.

Tal rechazo produjo malestar y los estudiantes se declararon en huelga general. Entonces la Universidad Central, que no era autónoma, y en consecuencia sus autoridades eran nombradas por el gobierno de turno,  subordinadas, sometidas a sus órdenes, caprichos y veleidades. Como la Universidad Central funcionaba en la parte alta del Instituto Central, los jóvenes de secundaria se sumaron a la protesta universitaria. Y al poco tiempo, todo el país estaba en huelga. Allí desde el Colegio Francisco J. Mejía que también estaba en huelga, conocí desde largo al joven estudiante de ingeniería Elvin Santos Lozano, que había dejado Tegucigalpa para buscar alguna protección en su ciudad natal.

Los que consideraron que la huelga, era una simple protesta de jóvenes inmaduros, aconsejados y animados por los políticos de oposición, menospreciaron el movimiento. Habían perdido de vista –como posiblemente está ocurriendo– que la rebeldía estudiantil era la punta del iceberg del disgusto popular que había generado un gobernante fuera de la realidad. En lo mejor de la huelga, un grupo de médicos recién graduados, estudiantes universitarios de medicina, derecho e ingeniería, apoyados por algunos oficiales que querían derribar a Lozano Díaz, se tomaron el cuartel San Francisco. En su recaptura, murió el mayor Juan Pablo Silva, implicado en la intentona de  golpe de Estado.

Los militares descubrieron que si no se adelantaban otros –los liberales especialmente, Armando Velásquez Cerrato y otros– les quitarían el real del mandado. El 21 de octubre, se levantaron en armas y obligaron a renunciar al decrépito dictador. Los militares triunfantes, le dieron la autonomía de la Universidad a los estudiantes y les ofrecieron incluso el ministerio de Educación. Los dirigentes, aceptaron la autonomía –conquista suya– y la paridad estudiantil. El ministerio lo rechazaron.

Ahora en el conflicto en la UNAH –cuya autonomía casi ha desaparecido porque no participan todos los actores de la comunidad educativa– se quiere desde un análisis maniqueo, diferenciar a los culpables de los inocentes. Y como lo más fácil, los estudiantes desempeñan este papel. Sin embargo, tienen más culpa las autoridades y los profesores. Un 70 % se logra con buenos profesores, contenidos adecuados y sistemas educativos liberadores y participativos.

El problema no es orden y desorden. Ni 60 y 70 %. Es que la Universidad, ha dejado de ser lo que en el pasado: la fragua donde se forjaban los dirigentes nacionales. Ahora se entrena a los borregos para que los dirigentes que, se han adueñado del país y sus posibilidades, hagan lo que quieran. Por eso la huelga es una prueba del disgusto general.

Artículos relacionados

Deja un comentario

*